domingo, 16 de noviembre de 2008

Flores Secas




La carga ha sido demasiado pesada durante todo este recorrido, pero lo que me pesa más es no haberle dicho cuanto le amaba.


Ahora cada regreso a casa no es igual, esa luz que me esperaba ansiosa por escuchar historias de mi rutina ya no está.


Antes todo marchaba muy diferente, siempre había un dulce beso sabor chocolate acompañado de un gran abrazo que me brindaba paz, que había anhelado tanto durante todo el día.

Lentamente todo ese amor fue decayendo, a cada regreso lo veía cada vez más disminuido y es que estaba atacándole una enfermedad; recuerdo que yo tenía que ir a brindarle los abrazos que un día ella me brindo a cada llegada.


Se le veía tan frágil pero a la vez tan fuerte, cuando me acercaba a ella, la sentía como una flor a la cal le falta agua para poder seguir con vida. Pero ella sabía que esta enfermedad le marcaba el final y hasta en sus últimos momentos me demostró lo fuerte que era, aceptando lo que viniera y disfrutándolo como una experiencia más que la vida le brindaba. En esos momentos le admire aún más de lo que ya la admiraba, su entereza me daba fuerza para poder verle decaer y no llorar, sino ayudarle a llevar la vida lo más normal que pudiéramos.


No puedo negar que me dolía verle así pero, trataba de seguirle contando mis cosas para olvidarnos del problema, aunque hay veces que ni la mayor alegría puede evitar el suceso final.


La angustia terminó a la décima semana de cuidados, regrese del trabajo y ahí estaba recostada en la cama, parecía que dormía, me acerque a saludarle pero su cuerpo ya estaba frío.

El dolor me desgarraba por dentro, mientras le abrazaba, se me fue y yo no estuve con ella. Nunca le había dicho cuanto le amaba ni cuanta falta me iba a hacer.


Recuerdo que mis ojos no lloraron, no salió ninguna lágrima, parecía como si mi dolor hubiera hecho que las lágrimas se congelaran en el corazón.


Ahora a cada regreso del trabajo la busco para abrazarla pero ya no está y no me queda más que gritar con todo el dolor de mi corazón Que le amo!



Por las noches no puedo pegar los ojos, le extraño y no quiero dormir por tener la esperanza de que regrese de ese sueño. Debajo de mi almohada tengo su fotografía para sentirle cerca.


Nunca pensé que la despedida iba a ser tan dura y dolorosa. Me duelen los espacios vacíos, los recuerdos lastiman, es como si desgarraran mi alma.


El hueco que dejo fue muy grande, aún tengo la esperanza de que cuando regrese a casa ella este ahí con los brazos extendidos para darme el más hermoso abrazo que jamás sentí; pero es así, puedo regresar una, dos, tres veces y ella ya no estará para recibirme, ahora ya esta en otro lugar, lo único que me queda es pensar que es feliz donde quiera que ese y espero que antes de irse se haya dado cuenta del amor que le tengo...


Yo mientras tanto la recuerdo y la recordaré por siempre con todas sus cualidades, dulce, fuerte, amorosa, sincera, fiel, luchona, perseverante, entre otras cualidades de la mujer que siempre querré y de la que hablare a mis hijos Mi Madre.

Máscaras

Mi cuerpo pesaba más que un bulto de piedras, ya no podía estar en pie, mis dedos se sentían tiesos y mis pestañas caían ante mis ojos provocándome un cansancio.
Ya no podía con nada, así que decidí irme a dormir, mientras iba por el pasillo rumbo a mi cuarto, me despojaba lentamente de mis máscaras, esas que me pongo para sobrevivir en este mundo superficial, la ropa de moda, los zapatos que todos usan y por último frente a mi espejo me despoje de la máscara más importante, de ese maquillaje que tapa mi rostro, mis poros y mis problemas.
Es como si el maquillaje me transformara a ser algo que no soy, pero que lo tengo que usar para demostrarle al mundo que puedo ser igual que ellos.
Mientras me desmaquillaba, rodó una lágrima negra por mi cara; el motivo no lo sé, más bien tengo miedo de buscar el por qué, tengo miedo de encontrar algo que me cause desagrado.
No pude controlarme y caí en llanto, mi ser interior quería escapar de las máscaras que lo oprimen, me fui a la ducha, el agua me hacia sentirme reconfortada, pero muy dentro de mi sabía que, el agua no iba a venir cambiar nada.
Tomé una toalla y comence a secarme, mi piel se sentía fresca pero ansiosa, pareciera que esperaba algo más, tomé el frasco de crema, metí mis dedos en él y agarre un poco de ella, lentamente fui poniéndola por todo mi cuerpo y tomé de nuevo ropa que cubriera mi verdad.
Ya lista para ir a dormir, me puse de nuevo frente a mi espejo, y me dí cuenta de que las máscaras que uso para salir a la vida se han apoderado de mí, no puedo evitar verme frente al espejo y no saber quién soy.